Las toxinas navideñas empiezan a revolotear a mí alrededor produciéndome una florida, o más bien exuberante sintomatología, desde aquí rindo un homenaje al doctor House, al que espero igualar pronto, no en sabiduría médica sino en mala leche por culpa de lo que me rodea. Mis síntomas han empezando por picores, urticaria, acidez de casi todos mis órganos incluido el estómago, una incómoda poliuria (hace tiempo que no me la tocaba tanto) y terminando por desazón, desasosiego, irritabilidad y agudización extrema de cinismo. Además de dar un gatillazo cuando he acudido a la fiesta de la masturbación que propuso Mía en su blog.
No os preocupéis, no es mortal, ni siquiera deja secuelas, en un par de semanas se me pasará.
Lo que realmente me preocupa es mi vecina Consuelo, a esta no la conocéis, por cierto, si queréis saber algo de Socorro , solo tengo una cosa que decir, ha muerto su odiado padre, ha heredado y se han mudado todos a un pareado con jardín, así que ahora mismo queda un piso vacío, ya sabéis si os interesa es muy amplio y estamos en una buena zona, bien comunicada.
Pues la señora Consuelo, solterona como ella sola, si algún investigador dedicase su tiempo a medir y codificar el grado de soltería, seguro que tomaría a Consuelo como ejemplo, sería la regla donde cualquier soltera podría tomar medida de su condición. Esta señora no es que esté soltera, es soltera, seguramente de nacimiento.
(Digo soltera y no soltero porque hablo de una soltera, si hablara de solteros estaríamos tratando un tema completamente diferente, y digo esto porque últimamente el o/a me está poniendo de los nervios)
Parece que también tengo el cerebro un poco afectado, porque paso de un tema a otro sin ton ni son.
A lo que iba, esta pobre mujer sufre, sufre muchísimo y no por ser soltera, que lo es, sino porque de alguna manera se ha acostumbrado a vivir en sufrimiento, no se si estas condiciones que describo tienen algo en común, si una es desencadenante de la otra o al revés, el caso es que la señora Consuelo no tiene consuelo.
Cada vez que te cruzas con ella hace un comentario sufrido, si le das los buenos días ella te responde con un:
-Buenos serán para usted, porque yo me he levantado hoy con un dolor de cadera horroroso, no se como me puedo mantener en pié.
Y si le comentas lo buen día que hace te suelta:
-Yo no tengo un buen día desde hace ya tanto tiempo que ni me acuerdo, fíjese usted lo que le digo.
-Si te la cruzas por la calle:
-Si paseando un poco, sola como siempre, el día que me pase algo.... ¡Hay, señor, señor!
Como le pidas la vez en la cola de la panadería:
-Si señor, yo soy la última, aunque no debería comer pan porque últimamente he engordado un poco, seguro que tengo el colesterol por las nubes y cualquier día de estos me da algo malo, un infarto o algo peor.
Como te pille en el ascensor, estas perdido; empieza por los problemas con los pies, juanetes, callos y uñas rebeldes, pasa luego por los tobillos, que se le tuercen cada dos por tres, las pantorrillas se le montan por la noche y en las rodillas debe de tener los ligamentos cruzados sin cruzar y por eso le duelen tanto. Por suerte vivo en un cuarto y no pasamos de hay.
Si la encuentras en el quiosco comprando el Pronto se justifica:
-A ver si aquí dice algo de la aromaterapia, he oído que va muy bien para las neumonías, porque seguro que la tos que se me coge aquí, en el pecho, todas las noches va a ser de eso, si es que ya ni duermo.
En la frutería suele decir:
-Me lleva pitando el oído toda la mañana, seguro que algo malo me va a pasar, me veo con sonotone, ¡jesuspordios que lástima de mí!
Y una vez preparado el terreno, se cuela en la caja del supermercado haciéndose la sorda.
Siempre tiene algo que relatar, malo siempre por supuesto, aunque nunca me la he encontrado en el ambulatorio ahora que lo pienso.


